Batalla Espiritual


Resulta emocionante por fin llegar a este artículo en el que se describe como fue la Batalla espiritual. Se trata de una guerra entre Ángeles y demonios denominada así por ser el enfrentamiento inicial de ellos, criaturas espirituales mientras que nosotros somos materiales y espirituales a la vez. 

La Biblia relata en el libro de Apocalipsis que habrá una batalla más y esta será la final, pero como sucederá todo, es un misterio. Entonces, no debemos confundir los tiempos de la declaración bíblica (Apocalipsis 12:4-9) porque Apocalipsis no habla de pasado, habla de futuro, pero el hecho de mencionar la rebelión de un tercio de Ángeles nos permite comprender que aquel destierro ya sucedió y respalda las visiones de sus elegidos sobre aquella primera batalla. Por eso leer la Biblia es esencial para reconocer las visiones que fueron aceptadas por la Iglesia y la razón por la que muchas no.

Gracias a la visión de Sor María de Jesús de Agreda hoy sabemos que los Ángeles tuvieron una prueba al revelarles los tres mandatos, a través de uno de sus Tronos. El primer mandato es que deben adorar, reverenciarse a Dios como creador y sumo Señor, el segundo mandato es que la segunda persona de la Santísima Trinidad se haría hombre; a este Dios Hombre le habían de reconocer por cabeza adorándole y reverenciándole y el tercer mandato fue que tendrían por superiora a una mujer en cuyas entrañas tomaría carne el Unigénito del Padre, nuestra Madre Santísima. Esto suscitó la rebeldía de los Ángeles.

Según la visión de Sor María de Jesús de Agreda El día primero, que corresponde al domingo, fueron criados los ángeles y les fue dada ley y preceptos de lo que debían obedecer; hasta el segundo día por la mañana correspondiente al lunes que Lucifer y su ejército serian arrojados y lanzados en el infierno.

Lucifer; cuyo nombre en hebreo es Lutziper y deriva del latín del latín lux “luz” y ferre “llevar” que unido significa “portador de luz” este nombre sugiere una subjetiva descripción del estado inicial de Lucifer. Un Ángel de prominente belleza exterior y brillantez, cuya astucia iba siempre un paso delante de los suyos. Su inteligencia lo llevo pronto a tener destacadas intervenciones, siendo así conocido por todos a pesar de haber más Ángeles con cualidades semejantes que reprimían su soberbia. Lucifer fue un Ángel glorioso que “entibió el agradecimiento que debía a Dios, como causa única de todo lo que había recibido” “y este desordenado afecto propio no sólo le hizo elevarse en superioridad, sino que lo llevo a envidiar y codiciar otros dones y excelencias ajenas”.

Notó que a medida que progresaba su pretensión de una conducta ejemplar avanzaban las revelaciones y aquello le resultaba fascinante pues deseaba que todo girara en torno a él, y esperaba con paciencia que aconteciera su momento.  Negándose a sí mismo la reclusión para auto examinarse porque: “Yo a diferencia de otros, debo sacrificarme”.

Pensaba en el bien de los demás por su propio honor. Se había transformado en un ser colmado de apariencia. Era cada vez más evidente el agrandamiento de su propia consideración habiendo entonces caído únicamente en pecados veniales, aun así; “Dios le habló tantas veces al corazón completamente a solas” su amor paternal no lo dejaría caer sin primero guiarlo a fortalecer su voluntad es por eso que su conducta se volvía cada vez más humilde “De hecho, aunque nadie lo supo, el momento de la revelación se retrasó para que Lucifer creciera en humildad”. Las posibilidades para Dios eran infinitas pero el amor por su hijo no quería que su debilidad espiritual acontezca de modo que era cada vez más difícil que se den “fracturas en su voluntad firme de servir a su Creador”.

Dios en su infinito amor y su infinita sabiduría determino que el momento de la revelación había llegado. Revelo en la mente de los Ángeles los tres mandatos de forma vivida. Los Ángeles pudieron contemplar lo que iba acontecer como si estuvieran presenciando la Anunciación y la Pasión de nuestro Señor Jesucristo. Aquello fue inestimable, inconmensurable e incalculable en valor infinito. Mientras todos veían lo inmerecido: “Apareció en el cielo una gran señal, una mujer cubierta del sol y debajo de sus pies la luna y coronada la cabeza con doce estrellas” (Ap 12,1). Esta señal apareció verdaderamente en el cielo por voluntad de Dios, que se la propuso manifiesta a los buenos y malos ángeles, para que a su vista determinasen sus voluntades a obedecer los preceptos de su beneplácito; y así la vieron antes que los buenos  se determinasen al bien y los malos al pecado; y fue como señal de cuán admirable había de ser Dios en la fábrica de la humana naturaleza. Y aunque de ella les había dado a los ángeles noticia, revelándoles el misterio de la unión hipostática, pero quiso manifestársela por diferente modo en pura criatura y en la más perfecta y santa que, después de Cristo nuestro Señor, había de criar. Y fue como decirles a los ángeles” antes de que su destierro suceda: “No castigaré yo de esta manera a las criaturas que he de criar, porque de la naturaleza humana descenderá esta mujer en cuyas entrañas tomará carne mi Unigénito, que será el restaurador de mi amistad y apaciguará mi justicia y abrirá el camino de la felicidad, que cerrará la culpa”.

Entendieron que “habían de asistir y ayudar al linaje humano, guardando a los hombres defendiéndolos y encaminándolos a la eterna felicidad, y que ellos mismos la recibían por los merecimientos del Verbo humanado; y que los había preservado su Majestad en virtud del mismo Cristo, previsto en su mente divina”

Lucifer no comprendía como es que una criatura superior como él debía tener por Reina a una criatura inferior, a una humana (Antes de nuestra creación Dios ya tenía su corte celestial Job 38:4 -7). Así que sintió que había llegado su momento. Se dirigió a todos los Ángeles: Dios jamás nos pediría servir a los humanos porque eso sería humillante; nosotros merecemos regir a la humanidad, lo que los llevo a un gran silencio… nosotros estamos para cosas gloriosas continúo diciendo…. Una de ustedes protegería con mayor lealtad y honor al hijo de Dios. No podría nombrar a una humana como Reina para traer a la segunda persona de la Santísima Trinidad lo que provocó una gran tribulación, por primera vez los Ángeles no sabían que hacer, ni hacia donde mirar y empezaron a murmurar, si tenía o no razón Lucifer. Los Ángeles pronto reflejaron en él sus inquietudes, viendo en el rebelde a un líder que no dudo en tomar provecho de esto atreviéndose a preguntar ¿Quién quiere ser como Dios? y millones de Ángeles alzaron la mano; deseando para si la adoración y reverencia debida a Dios; esto engrandeció su ego y entonces se oyó un gran grito.

¡Quién como Dios! Fue el grito que despertó a todos; era el Arcángel San Miguel que elevo su voz para exclamar que Dios no podía ser desobedecido, sustituido y mucho menos amotinado. 

¡Nadie como Dios! Fue la voz de todos los que sabían a quien se deben, por quién existen y para que fueron hechos; respondiendo al unísono que nadie había como Dios. Estaban atónitos, indignados y enfurecidos ante las palabras de Lucifer.

Su clamor dejo perplejo a Lucifer. Era la mayoría y casi lo deja sordo. Un solo clamor fue más convincente que todos los argumentos de Lucifer, un solo clamor basto para contradecir la gran mentira, un solo clamor basto para reducir su ego y confirmar lo evidente:  la verdad no solo es absoluta, también es sencilla; mientras que la mentira necesita muchos argumentos la verdad solo necesitó un clamor.

San Miguel cuyo nombre en hebreo es San Mikhael y traducción al latín es Sancte Michael que significa Quis ut Deus y su traducción es Quien como Dios; lo hace designado desde siempre a ser el defensor de la fe y proclamar en todas las formas que nadie hay como Dios simbolizando así la victoria entre el bien y el mal. Como cada criatura de Dios era singular de una forma magnifica, pero no por eso sus cualidades pasaban desapercibidas. Siempre dispuesto ayudar desinteresadamente; su presencia alentaba a todos a luchar por ser mejores y buscar la excelencia; con su valentía temeraria, tenaz heroísmo, incansable espirito, sentido patriótico, desinteresada oblación, lealtad y honor intachables, obediencia perfecta e ímpetu diligente. Un justiciero implacable combatiente de las fuerzas del mal. Su alto rango en la jerarquía celestial era incuestionable; en cuanto tuvo el permiso del Altísimo tomo la iniciativa de irrumpir el discurso de Lucifer que tenía a todo el cielo absorto. Después de San Miguel Arcángel hubo más voces que prorrumpieron el paraíso.

Lucifer en un momento se sintió solo pese al apoyo de unos minutos atrás y vio con rencor a San Miguel Arcangel, era el culpable de su discordia, el causante de una división. Ni siquiera se dio cuenta de que se estaba precipitando a la reacción de su orgullo herido. Retomo la postura y los animo a rebelarse ante la mirada de quienes lo veían con asombro y quienes lo veían con ira y a pesar de las murmuraciones continúo diciendo:

Nosotros podemos gobernar a los humanos y hacer nuestra propia voluntad… amenazando así a todo el linaje humano.

“Muchos Ángeles siguieron doblegándose ante la imagen de Dios Crucificado. De inmediato multitudes se rehusaron a seguir escuchando al rebelde, volvieron la espalda a Lucifer” y miraron la revelación del Altísimo reconociéndo al Hijo de Dios como su futuro Rey;

Lucifer continuo: Ellos no harán justicia por nosotros, ellos nos quieren dirigir, pero nosotros somos más, si nos unimos nadie podrá contra nosotros. Los Ángeles superaban en número al resto de la corte celestial que estaba expectante e interrogaban a Lucifer con su mirada… ¿Quién eres tú para contradecir la orden de Dios?, ¿A ti no te corresponde determinar si la orden de Dios es justa? ¿Cómo te atreves?. “Conociendo la justa indignación y con las armas del entendimiento, la razón y la verdad” contradecían a Lucifer.

Lucifer no daba marcha atrás y continuo con su discurso…

Por orden del Altísimo; San Miguel Arcángel dio un paso al frente y Lucifer respondió con alevosía y de inmediato todos los Ángeles se vieron enfrentados iniciando así la gran batalla… (Hagamos un minuto de silencio por los Ángeles que perdieron la vida defendiendo a Dios) Ángeles de ambos lados perdieron la vida. Desde entonces cielo conmemora ese día como la gran tragedia que fue.

La lucha fue de centenares de Ángeles contra millones de Ángeles desobedientes y Dios en su infinita misericordia los desterró perdiendo así su belleza y todas sus virtudes divinas. Recordemos que la teología angélica nos sugiere que por cada hombre hay noventa y nueve Ángeles entonces podemos deducir que la mención de la Biblia sobre la caída de la tercera parte de los Ángeles es inmensa y corresponde a millares.

La visión de Sor María de Jesús de Ágreda nos narra. “Cuando la antigua serpiente vio el infelicísimo lugar y estado donde arrojado del cielo empíreo había caído, ardía más en furor y envidia contaminándose como polilla sus entrañas; y contra la mujer, Madre del Verbo humanado, concibió tal indignación, que ninguna lengua ni humano entendimiento lo puede encarecer ni ponderar; y se colige en algo de lo que sucedió luego inmediatamente.

“Lucifer y su sequito de Ángeles estrenó el infierno, hicieron concilio en él congregados todos, que les duró hasta el día correspondiente al jueves por la mañana; y en este tiempo, ocupó Lucifer toda su sabiduría y malicia diabólica en conferir con los demonios y arbitrar cómo más ofenderían a Dios y se vengarían del castigo que les había dado; y la conclusión que en suma resolvieron fue que la mayor venganza y agravio contra Dios, según lo que conocían había de amar a los hombres, sería impedir los efectos de aquel amor, engañando, persuadiendo y, en cuanto les fuese posible, compeliendo a los mismos hombres, para que perdiesen la amistad y gracia de Dios y le fuesen ingratos y a su voluntad rebeldes”.

“En esto decía Lucifer: hemos de trabajar empleando todas nuestras fuerzas, cuidado y ciencia; reduciremos a las criaturas humanas a nuestro dictamen y voluntad para destruirlas; perseguiremos a esta generación de hombres y la privaremos del premio que le ha prometido; procuremos con toda nuestra vigilancia que no lleguen a ver la cara de Dios, pues a nosotros se nos ha negado con injusticia. Grandes triunfos he de ganar contra ellas y todo lo destruiré y rendiré a mi voluntad. Sembraré nuevas sectas y errores y leyes contrarias a las del Altísimo en todo; yo levantaré, de esos hombres, profetas y caudillos que dilaten las doctrinas que yo sembraré en ellos y, después, en venganza de su Criador, los colocaré conmigo en este profundo tormento; afligiré a los pobres, oprimiré a los afligidos y al desalentado perseguiré; sembraré discordias, causaré guerras, moveré unas gentes contra otras; engendraré soberbios y arrogantes y extenderé la ley del pecado; y cuando en ella me hayan obedecido, los sepultaré en este fuego eterno y en los lugares de mayores tormentos a los que más a mí se allegaren. Este será mi reino y el premio que yo daré a mis siervos”.

“Al Verbo humanado haré sangrienta guerra, aunque sea Dios, pues también será hombre de naturaleza inferior a la mía. Levantaré mi trono y dignidad sobre la suya, venceréle y derribaréle con mi potencia y astucia; y la mujer que ha de ser su Madre perecerá a mis manos; ¿qué es para mi potencia y grandeza una sola mujer? Y vosotros, demonios, que conmigo estáis agraviados, seguidme y obedecedme en esta venganza, como lo habéis hecho en la inobediencia. Fingid que amáis a los hombres para perderlos; serviréislos para destruirlos y engañarlos; asistiréislos, para pervertirlos y traerlos a mis infiernos. No hay lengua humana que pueda explicar la malicia y furor de este primer conciliábulo que hizo Lucifer en el infierno contra el linaje humano, que aún no era, sino porque había de ser. Allí se fraguaron todos los vicios y pecados del mundo, de allí salieron la mentira, las sectas y errores, y toda iniquidad tuvo su origen de aquel caos y congregación abominable; y a su príncipe sirven todos los que obran la maldad”.

A posteriori el Arcángel San Miguel lideró la milicia celestial para luchar contra Lucifer y sus ángeles caídos cuando antes nadie estaba a cargo del ejercito divino podemos entonces comprender que el Arcángel San Miguel posee facultades de toda la corte celestial e incluso otras mayores; de hecho la Biblia lo llama “Uno de los principales príncipes” (Daniel 10:13), “El gran príncipe” (Daniel 12:1) y “Jefe de los ejércitos del Señor” (Josué 5:14) y Sor María Jesús de Ágreda lo llama “Patrón y protector universal de la Iglesia santa” en su libro Ciudad Mística de Dios.

La Biblia lo describe siempre combatiendo, peleando y resistiendo en contra de los espíritus malignos cual Príncipe de la luz con su armadura de guerrero, una espada y una balanza para actuar bajo la justicia de Dios es también; quien lleva almas al cielo para la gloria de Dios y pese a su gran poder permanece aún en total sumisión al Señor; podemos ver su dependencia en (Judas 1:9). Considerando la fuerza del Arcángel Miguel, su sumisión a Dios es aún más hermosa.

Hoy en día la guerra espiritual por las almas de los hombres continua al mando de San Miguel Arcángel contra la antigua serpiente y sus demonios que siguen atormentando y pervirtiendo a la humanidad que no deja de tener voluntad propia para ser hijos de Dios y cumplir con su propósito de vida.

Dios en su infinita justicia hubiera resuelto quitarles la vida, pero su infinito amor es siempre más grande. Les regaló la oportunidad de arrepentirse y volver a su hogar, cual hijo prodigo y así ocurrió muchos años después; millones de Ángeles se arrepintieron; y San Miguel Arcangel al mando del ejército celestial los socorrió en una nueva batalla esta vez para suplicar el perdón de Dios y el de su Reina reconociéndola como Madre de todos; que abogo por ellos y Dios en su infinita misericordia los volvió a reconocer como hijos permitiéndoles expiar sus pecados y culpas volviendo a ser parte de la corte celestial en una nueva misión recuperando así todas sus virtudes y belleza con el hermoso esplendor que los caracteriza. Desde entonces millones de demonios se han redimido para regresar como hijos de Dios a su Patria celestial.

Relatamos la batalla espiritual como un episodio épico, pero realmente fue una tragedia y las tragedias si o si cambian nuestra vida y nuestros planes, nos dejan las lecciones más dolorosas, pero también las más necesarias y cuanto duelen las perdidas. Ya estamos en una edad en la que reconocemos el valor de cada persona en nuestra vida y si no es así regrese al kínder.

Reflexionemos como le dolería a nuestros padres perdernos, cuan desgarrador seria decirle adiós a un hijo; se preguntarían ¿Que hicimos mal?, ¿En qué nos equivocamos?, ¿Cómo fue que paso? y cada siguiente día sería una nueva pregunta, una nueva posibilidad, pero ¿Cómo perdonarlos si no quieren ser perdonados?, ¿Cómo traerlos de vuelta si no quieren volver?, ¿Qué será de ellos? y ver en lo que se convertirían con inmenso dolor y con dolor aceptar su decisión. 

Fueron desterrados por misericordia, pero aquello fue como perder su vida, cuan desolador debió haber sido perder a tantos hijos que creo con infinito amor, con cualidades únicas, con destinos únicos, entonces fueron una perdida única. No pensemos que para Dios fue fácil crear a otro Ángel para el ser humano que crearía después no solo porque “Existe un vínculo muy grande entre el Ángel de la guarda y la persona que fue asignada para custodiar en razón de su misión” (El poder que casi nadie conoce del Ángel de la Guarda – Heraldos del Evangelio) sino también porque un hijo es irremplazable.

Frases

Si te golpean las olas de la soberbia, de la maledicencia, de la envidia, mira a la estella, invoca a María! (San Bernardo)

“La soberbia no es grandeza, sino hinchazón; y lo que está hinchado parece grande, pero no está sano.” (San Agustín)

“Satanás puede ponerse el manto de la humildad, pero no es capaz de vestir el manto de la obediencia, es aquí donde se revela toda su maldad” (Santa Faustina Kowalska)

“Una sola oración del hombre obediente vale más que cien peticiones del desobediente” (Santa Coleta Boyle de Corbie)

“Le contesto Jesús: El que me ama obedecerá mi palabra, y mi Padre lo amará y haremos nuestra morada en él. (Juan 14:23)

“El que, por desobediente comete un mal, está adherido a la rebelión contra Dios y no a la sumisión debida a Él” (San Bernardo de Claraval)

“El primer grado de humildad es la obediencia sin demora” (San Benito Abad)

“Siempre obedientes y sujetos a los pies de la Santa Iglesia, firmes en la fe católica, guardemos la pobreza y la humildad y el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.”

“No bajemos los ojos sin humillar el corazón al mismo tiempo; no demos a entender que queremos el último lugar sin quererlo verdaderamente”. (San Francisco de Sales)

“La humildad, pues, nos perfecciona en lo que mira a Dios, y la mansedumbre en lo que toca al prójimo”. (San Francisco de Sales)

Las siguientes frases son del libro: Hasta que Ruja el León: Firmes en la batalla por la verdad (Editorial Vida, 2022)

Como Satanás sabe que no puede destruir a Dios, él busca por todos los medios destruir a aquellos que le representan, para desacreditar el nombre de Dios (p. 23)

A nosotros no se nos ha llamado a ir avanzando y ganando terreno en el campo de batalla, sino a permanecer firmes en la posición que Dios nos ha entregado (p. 37)

Tanto para Dios como para Satanás, el campo de batalla en la guerra espiritual es la mente (p. 39)

Los hijos de Dios, como todos los seres humanos, tenemos emociones que necesitan ser santificadas, antes que ellas tomen el control sobre nosotros y nos destruyan (p. 50)

Las corrientes de este mundo intoxican nuestra mente, nos alejan de Dios y nos impiden conocer Su voluntad (p. 52).

Satanás es un enemigo seguro de sí mismo que está claro en cuál es su objetivo: nuestra destrucción (p. 53).

La tríada de enojo, falsedad y mentira, abre la puerta para una influencia demoníaca extraordinaria en nuestras vidas (p. 60).

Cuando se trata de la guerra espiritual, el mundo no es pasivo en lo más mínimo (p. 71).

El mejor contraataque en la guerra espiritual puede ser resumido en cuatro acciones: leer, orar, depender y resistir (p. 72).

El contraataque del creyente debe ser intencional y continuo, porque el ataque que proviene del mundo de las tinieblas es igualmente intencional y continuo (p. 86).

En la guerra espiritual, el problema se presenta cuando estamos llenos físicamente, pero hambrientos espiritualmente (p. 119).

La sujeción y la obediencia a Dios solo se demuestran en medio de la prueba y la tentación. De lo contrario, no estaríamos hablando de obediencia, sino de conveniencia (p. 121).

Satanás no tiene escrúpulos y está lleno de malicia. Si tuvo la osadía de tentar a Cristo, eso implica que nadie está inmune a los ataques del enemigo (p. 125).

En la guerra espiritual, lo peor que podemos hacer es tratar de pelear en nuestras propias fuerzas, conforme a nuestra sabiduría y en independencia de Dios (p. 173).

La Gran Comisión hace avanzar el reino de la luz y hace replegar el reino de las tinieblas (p. 221).

¿A quién se parece más su actitud a la de un Ángel o a la de demonio?, ¿En quién confían en Dios o en el mundo? ¿A cuántos charlatanes seguimos?, ¿Qué modelo a seguir tenemos?, ¿A quién le creemos?, ¿A dónde vamos a pararrr ♫♪♩

Con esta soberbia y desobediente actitud.

Démosle paso a la humildad,

Y vamos a la eternidad,

De nuestras almas en total plenitud.

Cuando somos soberbios y desobedientes nos paremos a los demonios que se dejaron convencer por un mentiroso y perdieron todo un paraíso y con ello todas sus virtudes por un poco de poder. Ellos pudieron elegir vivir bajo la voluntad de Dios, cumplir su propósito de vida y ser plenamente felices, pero confiaron en un charlatán que les prometió libertad y les dio esclavitud.  Al final uno siempre elige.

Extractos tomados del libro Historia del Mundo Angélico que NO DEBE SER LEÍDO sin la ayuda de un experto en teología para discernir lo que fue escrito bajo iluminación de lo que no; de acuerdo con las Sagradas Escrituras.

Extractos tomados del libro Ciudad mística de Dios escrito por sor María de Jesús De Agréda.


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