Somos uno en cuerpo y alma, creados por Dios y destinados a ser en el cuerpo de Cristo el templo del Espíritu Santo. El alma es nuestro principio espiritual, es la que alienta nuestro cuerpo por eso es también llamada ánima. Contiene nuestra personalidad, nuestras emociones y pensamientos. El alma no perece y se unirá al cuerpo en la resurrección final.
También tenemos espíritu que significa el hecho de: “El hombre está ordenado desde su creación a su fin sobrenatural” dicho de otra forma “El espíritu es la parte con la que nos relacionamos con Dios y le respondemos a Él”.
Siendo el alma tan preciada por Dios es ella el gran botín de la batalla espiritual entre Ángeles y demonios. Reconozcamos como clasifica el Señor cada alma: El alma fría es la que eligió vivir fuera del amor divino, es el opuesto del alma fervorosa, aquella que tiene una fe ardiente mientras que el alma tibia es la que sabiendo que Dios existe, conociendo su catecismo prefiere voluntariamente vivir lejos de su amor, es la que pudiendo decidir por TODO o NADA se queda en medio. Podemos concluir con seguridad que de las tres almas; la tibia es la peor.
El mejor ejemplo de tibieza se plantea en carnaval en la cual el católico se descontrola, se pierde, se emborracha y llegada semana Santa va a misa sin arrepentimiento, sin intención de cambio y por este ejemplo de “cristiano” que nuestro Señor dijo:
“Conozco tus obras: no eres ni frio, ni caliente. ¡Ojalá fueras frio o caliente! Pero porque eres tibio y no frio o caliente, voy a vomitarte de mi boca. Tú piensas: “Soy rico, tengo de todo, nada me falta” Y no te das cuenta de que eres un infeliz, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro refinado para que te hagas rico, ropas blancas para que te cubras y no tengas que avergonzarte de tu desnudez; por último, pídeme un colirio que te pondrás en los ojos para ver. Yo reprendo y corrijo a los que amo. Vamos anímate y conviértete. Mira que estoy a la puerta y llamo: si uno escucha mi voz y me abre, entraré en su casa y comeré con él y él conmigo.
Al vencedor lo sentare junto a mí en mi trono, del mismo modo que yo, después de vencer, me senté junto a mi Padre en su trono.
El que tenga oídos, oiga este mensaje del Espíritu a las Iglesias”. (Ap 3: 15-22)
Es estremecedor escucharlo hablarnos directamente: Conozco tus obras… es sin duda la declaración más fuerte de toda la Biblia y es dada a nosotros que estando en su iglesia, conociendo su palabra, tradiciones, la comunión de los Santos y sobre todo su Sacratísima Eucaristía no la honramos, sino que vivimos haciendo lo mínimo. Seremos juzgados diferente a un Hindú que nació en un país con creencias equivocadas y murió creyéndolas mientras que nosotros teniendo el tesoro de saber que existe no lo seguimos, habiendo nacido en un país que no restringe el conocimiento de Dios, no lo buscamos, es mediocre de nuestra parte vivir a medias pudiendo tenerlo todo. NUESTRO TODO ES DIOS, SIEMPRE DIOS.
El alma tibia es la católica no practicante que va a misa entre viva e inerte (eso si es que va) que aun sabiendo que nuestro Señor Jesucristo está vivo y presente en la Santa Eucaristía decide no asistir o asistir sin participar de modo que no prepara el corazón para escuchar su Santa Palabra pese a los ataques del enemigo por medio de tentaciones y distracciones sobre todo durante la liturgia impidiendo que su palabra encarne y de fruto olvidando que la recomendación de nuestro Salvador fue “Oren porque el Espíritu está dispuesto pero la carne es débil” (Mt. 26:41)
No ir a su celebración es un rechazo a la mejor de las invitaciones y no participar de su banquete es un desprecio al mejor anfitrión; es por tanto una ofensa mortal porque va en contra del mandato de la iglesia y de la ley moral de Dios que falta al tercer mandamiento que es Santificar las fiestas y todavía mas crítico al primer mandamiento Amarás a Dios sobre todas las cosas. La mayoría no sabe que faltar a misa es pecado mortal, lo cual es crítico porque significa que no se lo enseñaron en la primera comunión, tampoco en la confirmación y por su bajo interés pretende morir sin saberlo.
Jamás falta a celebraciones como bautizos, primera comunión, bodas, funerales y todo evento social con la Iglesia.
Nos importa más el qué dirán siendo así capaces de comulgar sin confesarnos lo cual es letal porque está en juego nuestra propia alma “El que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenación” tanto, el que come el pan o bebe la copa del Señor indignamente peca contra el cuerpo y la sangre del Señor”. (1 Cor. 11:29) pero elige el respeto humano sobre la gracia de Dios, prefiere andar en chismes, murmuraciones y calumnias que ver su propio pecado. Es débil para resistir las peleas, insultos y burlas. Elige el placer sobre el sufrimiento y ciertamente nadie además de los Santos quiere sufrir, pero el tibio huye hasta de lo inevitable, de la consecuencia de sus propias decisiones hacia las drogas, borracheras, fiestas, sexo, viajes hasta perderse y el lamentable suicidio.
Se refugia en todo exceso que se parezca al olvido del dolor que contrario apagarlo lo extiende hasta la eternidad. El promedio que las almas pasan en el purgatorio son 100 años; si no lo cree, continúe siendo tibio y lo creerá. Eso si Dios nos concede su misericordia y nos permite expiar nuestras manchas sino nos habremos condenado porque nuestra vida en la tierra es verdaderamente pasajera y porque a la justicia perfecta de Dios no se le pasa nada por alto.
Ni hablarle del camino de la cruz “no la necesita” Huye del proceso de Dios por perfeccionar su alma, pero es que esta misericordiosa invitación no es para todos sino para sus elegidos. “Sepan que muchos son llamados, pero pocos son elegidos” (Mt. 22:14) Todos son llamados, pocos escuchan y casi nadie camina; con esos se queda nuestro Señor. Porque la grandeza de su amor precisa pruebas, requiere lucha y exige renuncias pero preferimos vivir cómodos a vivir para servir entonces si tuvimos el valor de ser malos ahora tengamos el valor de ser buenos.
Como si fuera poco hacer condenar su propia alma; el tibio hace condenar a todos los suyos. Si tiene hijos no los forma, si tiene pareja no la ama y el alma de la madre no le importa. Somos almas sin renuncias, sin sacrificios, sin amor y todavía creemos que somos buenos porque no matamos y no robamos solamente hacemos un sinfín de cosas que ofenden a Dios además de todo el bien que omitimos. Pasamos indiferentes ante las carencias de nuestro prójimo, “El sufrimiento del mundo no es nuestro problema” pero claro que lo es porque fuimos creados para servir. “La pobreza no la hace Dios, la hacemos tú y yo cuando no compartimos lo que tenemos” (Santa Madre Tereza de Calcuta) Todos somos capaces de ayudar porque ayudar no precisa dinero sino amor.
La principal característica del tibio que encierra TODAS las anteriores es querer agradar a Dios y al mundo, se mueve entre los dos y aquello es imposible que agrade a Dios porque el llamado que Dios hace en nosotros lleva al alma amar lo que Dios ama y repudiar lo que Dios repudia. No seamos mas de lo mismo; el alma que se adapta al mundo seamos intolerantes con el pecado y tolerantes con el pecador pero no lo dejemos en la oscuridad, no nos conformemos con aceptar sus ofensas, salgamos de nuestro orgullo y ofrezcamos nuestro amor.
Lo que dice el católico tibio
“Yo creo a mi manera” (No cree)
“Dios está en todas partes, no necesito ir a la Iglesia” (El aire está compuesto de agua, pero cuando queremos beber, buscamos la fuente)
“Así soy y así me tienen que aceptar. (¿También Dios? Pura soberbia)
“Si me arrepiento de corazón Dios me va a perdonar, aunque sea en mis últimos minutos de vida” (Con ese corazón de piedra es mejor no arriesgarse)
“Es que no tengo tiempo para rezar” (Quien dice que no reza por falta de tiempo lo que le falta no es tiempo, lo que le falta es amor – San Juan Pablo II)
“Un Padre nuestro y un Ave María y ¿para qué más?” (Para no condenarnos)
“No voy a misa porque hay hipocresía” (La salvación es individual y no se debe ir a la Iglesia de pecadores a juzgar a los demás por pecar distinto a uno)
“Yo sé que existe Dios pero….” (Cada uno inserte su excusa)
Lo que hace el católico tibio
Siempre llega tarde a misa, pero “Lo importante es llegar” (Dios distingue quien asiste por amor y quien por no faltar al precepto y nos trata como tal)
“Yo conozco a Dios, yo me se toda la Biblia” (El diablo también pero no la práctica)
“Cree en Dios pero lo que Dios quiere no le importa” (No quiere ser Santo)
“El alma tibia tiene fe sin celo, esperanza sin firmeza y caridad, amor sin ardor – Santo Cura de Ars” (Apariencia de católico)
“Reza el rosario precipitadamente” (Jesús no mira tanto la grandeza de las obras ni siquiera su dificultad, sino el amor con el que tales obras se hacen” (Santa Teresita del Niño Jesús)
“Busca un milagro y cuando lo obtiene se va” (Su amor por Dios es condicional, su presencia es inconstante)
“Asiste a las procesiones sin devoción” (Siempre hay quien camina con abanicos, ventilador, paraguas y todavía quejándose, ¿Dónde está el sacrificio? ¿Dónde está el amor?)
“Sabe que existe el diablo, sabe que existe el infierno y sigue con la misma vida”. (No pretendamos disfrutar la juventud con el mundo y que cuando estemos ancianos, enfermos y necesitados busquemos a Dios porque no sabemos si tendremos tiempo suficiente para reparar todas las ofensas contra Él y todo el daño a nuestro prójimo. No olvidemos que Dios lee corazones)
“Se confiesa sin arrepentimiento y sin intención de enmienda” (La confesión destruye el orgullo que nos aparta del gran regalo de estar reconciliados con Dios – Santo cura de Ars). Porque la confesión es realmente un acto de humillación, es reconocer que fallamos y que necesitamos su misericordia, necesitamos a Dios en nuestra vida. (No lo olvides nunca: ¡El Señor no se cansa de perdonar! – Papa Francisco)
Lo que no hace
Todo católico tibio sabe los diez mandamientos, pero no los respeta.
Tiene un rosario guindado en la casa o en el carro y no lo reza.
Tiene la Biblia en su casa, pero no la lee.
Hace bendecir la casa sin renunciar a ser el pecador andante que vive en ella. (Prefiere que sea la casa la que vaya al cielo)
No predica por vergüenza al qué dirán (Yo les aseguro: si alguno se averguenza de mi y de mis palabras en medio de ésta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la Gloria de su Padre rodeado de sus Santos Ángeles” (Mar 8:38)
No tiene imágenes en su casa. (No tiene un hogar católico)
No perdona (Es la primera persona en ofender y la última en perdonar)
Sabiendo que la confesión lo limpia, lo purifica no se confiesa. (Porque no tiene arrepentimiento, no está dispuesto a cambiar. Dios solo necesita nuestra decisión y voluntad porque él hace todo.)
No lucha, no evita las ocasiones de pecado. (Confiamos en nuestra propia fuerza y esta nos traiciona; cuando nos dejamos llevar aun sabiendo como acabarán las cosas)
Frases de los Santos sobre la tibieza.
“Ser pecador es nuestra desgracia, más saber que lo somos, es nuestra esperanza”. (Venerable Fulton Sheen)
“También en las almas que parecen más perdidas, queda hasta el final la capacidad de volver a amar a Dios”. (San Josemaría Escrivá)
“No hay que desanimarse; porque, si existe en el alma el esfuerzo continuo por mejorar, al fin el Señor la premia, haciéndola florecer de golpe en todas las virtudes, como en un jardín florecido”. (Padre Pio)
“No nos retiremos de la Iglesia porque veamos la cizaña en ella. Únicamente hemos de esforzarnos en ser nosotros trigo” (San Agustín)
“La Iglesia siempre parece estar atrasada, cuando realmente está más allá de los tiempos” (G. K. Chesterton)
“La fe no es agua que apaga sino fuego que arde; no es un calmante para los que están estresados, sino una historia de amor para los que están enamorados. Por eso Jesús detesta la tibieza más que cualquier otra cosa” (Papa Francisco)
“No retrasemos la conversión porque la muerte no espera” (San Felipe Neri)
“Muchos temen la mala muerte, pero no temen llevar una mala vida” (San Alfonso María de Ligorio)
Empecemos con lo que tenemos: nuestra bajeza, nuestro dolor, nuestra necesidad, nuestra cobardía, nuestros miedos, nuestra impureza, nuestra ignorancia, nuestra poca fe, nuestra sed de justicia, nuestros problemas que son solo el medio porque “El dolor es el megáfono que Dios utiliza para despertar a un mundo de sordos” (C. S. Lewis) todos estamos llamados a tener una fe viva y ardiente y siempre estamos a una decisión para dejar de ser tibios, Dios solo necesita nuestra voluntad para vencer junto a nosotros al demonio. Pudimos ser tibios por muchos años pero el alma dice HASTA AQUÍ. No justifiquemos nuestro desprecio al amor verdadero, no nos conformemos con menos que la verdad, la libertad y el amor real. Luchemos por dejar nuestra tibieza; que seamos débiles no es motivo para aceptarla porque Él jamás nos dejará solos de modo que el mundo nos puede dar la espalda, pero Dios jamás se aparta del alma que está dispuesta a la batalla para honrarlo. Seamos el alma que va contra corriente, seamos el alma lucha contra sí, contra el mundo, el demonio y la carne, seamos el alma que muere sirviendo a Dios.
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