Nueva era.


La nueva era ha sido definida como un supermercado espiritual que se apoya en múltiples filosofías y religiosidades, en su mayoría orientales. Reúne un sin número de creencias, ritos, cultos, practicas, relativismo, supersticiones y demás.

Quizá no sabíamos la definición de nueva era pero ¿Es necesario? Cuando se ve por doquier.

Cuando las redes sociales promulgan la comunicación y el agradecimiento al universo cuando se impulsa estudiar sobre espiritualidad y convertirse en mejor persona para atraer así la abundancia, riquezas materiales y fortuna; ignorando que el diablo puede dar eso y más para entretenernos en esa filosofía basura y jamás conocer la verdad. Somos absolutamente dependientes de Dios y tenemos por gracia y misericordia talentos, dones y capacidades únicas para servirle, enaltecerlo, honrarlo, darle gloria, agradecerle pero sobre todo para amarlo.

El engaño no termina allí la nueva era promueve el bienestar personal de forma egoísta. Primero yo, segundo yo y tercero yo. Los demás no importan, la persona ve con superioridad porque su “conocimiento ancestral” lo antepone al resto. Cuando realmente en esta vida hay que practicar la compasión, así Dios un día se compadezca de nuestras miserias y nos conceda la vida eterna en su reino.

Se trata de una mezcla de distintas corrientes que por un lado admiran la superficialidad y persiguen cosas vanas y por otro lado la doctrina oriental que promueve el desapego de todo y todos como si el ser humano estuviera hecho para vivir solo, ir contra lo natural y buscar la “elevación del ser” para descubrir sus “poderes” e irse de esta tierra transcendiendo al yo superior creyendo en la reencarnación que no hace más que condenar almas por vivir pensando que tendrán otra oportunidad para cambiar, para hacerlo todo diferente.

La teoría de que todo lo puede la mente, sanar, manifestar, hacer lo imposible solo hay que pensarlo, creyéndose un dios y cayendo así en la autoidolatría pero el hombre no es salvador de si mismo pues la salvación es un regalo de Dios que nos es dado en Jesucristo.  

La nueva era “Relaciona a Dios con una energía hablando de energías positivas y negativas hasta llegar a enseñar que todo es dios. Panteísmo (“La totalidad del universo es el único Dios.”) La verdad sin embargo es que Dios no es todo sino el creador de todo. Dios no es una energía impersonal, es un Ser personal que nos ama infinitamente.

Etapas de la idolatría.

Iglesia no Cristo sí: “La iglesia divide” cuando es la iglesia la que nos encuentra con Cristo

Cristo no Dios sí: Esta etapa pregona que Cristo es un maestro, un iluminado que descubrió que podía ser Dios como Mahoma, Gandi, Buda y demás. Te invita a creer en un Dios difuso.

Dios no yo sí: En esta etapa el hombre descubre la divinidad que reside en él y que lo puede todo. Una ofensa mayúscula hacia Dios.

“La nueva era propone una simetría diametralmente opuesta: De la religión del Dios que se hace hombre, curiosamente hoy la religión del hombre que pretende ser Dios”

Como es de esperarse la nueva era no habla de pecado. La moral y la conversión no son necesarias para practicarla, no importa si es bueno o malo sino sentirse bien de esta forma un narcotraficante puede ser profundamente espiritual sin salir de su pecado. Dios sin embargo odia el pecado, pero ama al pecador. Debemos entonces odiar el chisme, pero amar al chismoso, odiar la calumnea pero amar al calumniador, odiar la impureza pero amar al impuro, odiar el robo pero amar al ladrón, odiar la injusticia pero amar al injusto, odiar la traición pero amar al traidor sin embargo; a nuestro Señor no le bastó con amar al crucificador, el amó la cruz, la abrazo, la beso y la asumió por todos nosotros. Sin Dios es imposible llegar amar a nuestro propio asesino. ¿Se puede juzgar a nuestro prójimo solo por pecar diferente a nosotros? Despertemos! No somos buenas personas. No cometamos el error de compararnos con lo peor para sentirnos mejor porque seremos medidos por el tamaño de nuestras ofensas y por el bien que no hicimos y no por tener pecados más leves o graves que el resto.

A donde nos dirige nuestro ego y amor propio nuestra ambición inescrupulosa carente de servir, pero sí de ser servido. Creer que lo superamos todo por nuestra fuerza, creer que lo somos todo y con ello limitarnos a lo terreno sin descubrir la grandeza a la que fuimos llamados (“El mundo nos ofrece comodidad, pero no fuimos hechos para la comodidad, sino para la grandeza”. Benedicto XVI). Somos parte de un plan divino; nada más y nada menos que el plan de Dios. ¡¡Se puede superar tremenda importancia!! Hay algo que pueda alentar más nuestra alma que ser útiles para Dios, que no nos necesita, pero nos quiere, nos ama y se goza en nuestras limitaciones y debilidades para cumplir nuestra pequeña parte dentro de ese enorme plan salvíco que por tanto solo ha de ser completado por su poder divino. Negarnos a nuestro propósito solo nos aleja de la verdadera felicidad. Una vida a plenitud. Una vida en armonía con Dios.

No fuimos creados para quedarnos aquí sino para gozar de la vida eterna junto al Padre por nuestro Señor Jesucristo a través del Espíritu Santo.

La nueva era nos exhorta a lo contrario: recurrir a un sin número de medios porque al no ser eficaz, no trae verdadera y perpetua paz. Nunca es suficiente. Entonces aparece el yoga, horóscopo, música, mantras, amuletos, medicina holistica y mucho más fuera de Dios.

El yoga tiene fundamentos hinduistas, realmente se hacen invocaciones con la respiración y las posiciones dirigidas por el “maestro” sin embargo practicarlo por mero ejercicio sin conocimiento de su origen y lo que implica lo vuelve un pecado venial pero pecado finalmente. El yoga puede hacernos sentir mejor sin dejar de ser miserables. El yoga puede conseguir controlar nuestra ira, calmarnos y recuperar nuestro carácter apacible; en pocas palabras: volver amar la vida sin nunca habernos disculpado y reparar el daño, pero todavía más grave sin buscar el perdón de Dios pues evitamos reflexionar la ofensa. (Evitamos sufrir). No renunciemos en la redención de nuestra alma pidamos siempre su voluntad y recibamos con amor lo que corresponde nuestras miserias.

No olvidemos lo esotérico, lo oculto, la adivinación (horóscopo, astrología, presagios) querer tener dominio del porvenir es jugar a ser Dios. El espiritismo (médiums) que solo abre puertas a los demonios y nos aleja del amor divino.

Es necesario detenernos en este punto ya que la nueva era se sustenta en la constelación zodiacal que habla de cuatro grandes eras astrológicas que suponen el tránsito de la evolución de la raza humana.

Era de tauro (4230 A.C.) Los Israelitas adoraban becerros.

Era de aries (2160 A.C.) Israel ofrece corderos en sacrificio.

Era de piscis (Año 0) Dominada por el cristianismo.

Era de acuario o nueva era (2026 D.C.) Cuyo símbolo es un hombre con un cántaro de agua la cual se derrama y forma una corriente. En esta era todo fluye todo cambia, nada es fijo. Su objetivo es por supuesto desaparecer el cristianismo, la era que antecede.

Del mayor deseo de Cristo que era la unidad: que todos seamos uno, una sola iglesia, una sola fe, un solo Señor, un solo bautismo al anhelo del hombre, una vida sin reglas, sin dogmas, sin autoridad, sin religión “porque divide” una vida megadiversa a nuestra manera, con “libertadad” y “tolerancia”. Una vida sin Cristo.

Nunca esta demás dejar claro quien dirige esta corriente. “El dragón vomito de su boca como un rio de agua, detrás de la mujer para arrastrarla con su corriente. (Ap 12,15)

La nueva era promulga huir del sufrimiento y amar el placer, pero el sufrimiento hace a los hombres, hombres, forja el carácter y nos revela que no podemos solos. Vuelve a enamorar de Dios al alma distraída, absorbida por el mundo, confundida o engañada. El sufrimiento es querido por Dios pues en su poder infinito puede evitarnos padecer, pero lo permite por un bien mayor. Salvar nuestra alma porque la corona de nuestro Rey es de espinas y nosotros no merecemos cosa mayor.

La historia del mundo está llena de acontecimientos trágicos, holocaustos y guerras en las han muerto culpables e inocentes, pero Dios prefiere a veces perder el cuerpo y salvar el alma que puede gozar de la vida eterna. (Recordemos que el sufrimiento lo causa el mundo y no Dios. No le adjudiquemos algo que provocamos nosotros y seamos responsables de nuestras decisiones)

Quizá sorprenda que las cosas que pensábamos eran buenas y hacían bien resulten por el contrario llevar nuestra alma al olvido de Dios y a la confianza plena en nosotros mismos. Una condena segura llevada a cabo por el diablo con sutileza pues no le conviene que sepamos que existe. Investiguemos entonces sobre la nueva era porque para encontrar la cura hay que conocer la enfermedad y así las mentiras de nuestro enemigo queden expuestas. (Quien ama a Dios tarde o temprano se topa con el verdadero enemigo o como dijo el Santo cura de Ars “El demonio solamente tienta a las almas que quieren salir del pecado y aquellas que están en estado de gracia. Las otras ya le pertenecen, no precisa tentarlas”) Si damos un repaso por los diez mandamientos y los pecados capitales tendremos una idea del estado de nuestra alma.

Debemos rechazar la nueva era en su totalidad ya que acoger alguna práctica o creencia por muy insignificante que parezca nos dirige a la construcción del nuevo orden mundial.

La verdad por respeto a la opinión de los demás nos hace cómplices del engaño porque la verdad no se suaviza, tiene la cualidad de ser sencilla pero sobre todo a de doler. Cuando la hayamos nos damos cuenta que hemos caído a los pies correctos porque solo en Dios encontramos la verdad porque Él es la Verdad, si algo hay absoluto en la vida, es Dios.

(Los datos teóricos fueron tomados del totus tuus)

Ver testimonio sobre la nueva era de la cuenta de Manual Para Enamorarse (Ep.12 Cuentos con la virgen I Ivonne) y video de los heraldos del Evangelio (Nueva Era)

Señor, Hacedor de imposibles que me tienes escribiendo palabras tan valientes siendo yo tan cobarde. Te amo.


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