LA EUCARISTÍA


La Santa Eucaristía es el deseo consagrado de nuestro Señor Jesús de permanecer en el corazón de los hombres por esa razón es también llamada Comunión por ser la convivencia viva entre Dios y los hombres.

Solo un corazón humilde, manso y puro puede buscar habitar entre los hombres siendo Dios para amarnos a pesar de ser sus continuos flageladores; como no tenemos tal corazón busquemos recibir al que es el AMOR en cuerpo y sangre, su Santa eucaristía.

Aquí la cita bíblica que sustenta irrefutablemente este sagradísimo sacramento.

“Yo soy el Pan de Vida. Sus antepasados comieron el maná en el desierto, pero murieron: aquí tienen el pan que baja del cielo, para que lo coman y ya no mueran.

Yo soy el Pan Vivo, que descendió del cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre. El pan que yo le daré, es mi carne y lo daré para la vida del mundo.

Los judíos discutían entre si: ¿Cómo puede este darnos a comer carne? Jesús les dijo: En verdad les digo que si no comen la carne del hijo del Hombre y no beben su sangre,no tienen vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre vive de la vida eterna; y yo le resucitaré el último día.

Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Como el Padre que es vida, me envío y yo vivo por el Padre, así quien me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo. Pero no como vuestros antepasados, que comieron y después murieron. Elque coma este pan vivirá para siempre. (Jn 6,51-58)

Presencia verdadera y no simbólica.

No dijo imaginemos que es mi carne y mi sangre, no dijo supongamos que es mi carne y mi sangre, no dijo pensemos que es mi carne y mi sangre, nos llamó a creer, en eso consiste la fe porque aquello fue toda una declaración de que su verdadera carne y su verdadera sangre debe ser consumida por nosotros para vivir de la vida eterna.

Creer es una gracia.

“Los judíos murmuraban porque Jesús había dicho: Yo soy el pan que ha bajado del cielo. Y decían: Conocemos a su padre y a su madre, ¿no es cierto? Él no es sino Jesús, el hijo de José. ¿Cómo puede decir que ha bajado del cielo?

Jesús les contestó: No murmuren entre ustedes. Nadie puede venir a mi si no lo atrae el Padre que me envío. Y yo lo resucitare en el último día. Está escrito en los profetas: Serán todos enseñados por Dios, y es así como viene a mi toda persona que ha escuchado al Padre: solo aquel que ha venido de Dios ha visto al Padre. En verdad les digo: El que cree tiene vida eterna.” (Jn 6,41-47)

Nos dejamos llevar por la razón y ciertamente esta nos limita porque para tener fe no basta la inteligencia, se necesita más que eso, se necesita la intervención del Padre que reconoce un corazón abierto y sediento por la verdad que está dispuesto aceptarla, vivirla y amarla. Como se revelo a los tres Reyes Magos que pasaban días y noches estudiando las profecías, las constelaciones estando separados geográficamente el uno del otro, pero deseando de forma unánime conocer a su Salvador y llevarle su gratitud. Dios entonces dispuso una estrella para guiarlos a Jesús; de otra forma habría sido imposible verlo. Pidamos la gracia de la fe para asimilar la palabra de Dios en todo su vibrante esplendor.

Consumir su cuerpo y su sangre es la fortaleza que nuestro cuerpo y alma necesitan para vencer en su nombre de otra no tendríamos Santos. Leamos entonces lo que los santos dicen acerca de la Eucaristía que logra inspirarnos, pero sobre todo apasionarnos por su profunda conexión con Dios.

La Eucaristía es el amor de Cristo hecho visible (San Juan Maria Vianney)

La Eucaristía es el amor que se convierte en alimento (San Agustin)

La Eucaristía es el sacramento de la presencia real de Cristo (San Francisco de Asis)

El sacrificio de la misa es la misma ofrenda que Jesús hizo en la cruz (San Pio de Pietrelcina)

La Eucaristía es la mayor prueba del amor de Dios por nosotros (San Juan Bosco)

La Eucaristía es el sacramento que nos une más íntimamente con Cristo (San Francisco de Asís)

La misa es el sacrificio de Cristo en el que podemos participar con reverencia (San Juan Pablo II)

La Eucaristía es el alimento del alma, sin ella el alma muere (Santa Teresa de Calcuta)

La Eucaristía es el banquete celestial (Santa Teresa de Lisieux)

La Eucaristía es el alimento que nos da fuerzas para seguir a Cristo (San Ignacio de Loyola)

La Eucaristía es la fuente de la santidad (San Juan Pablo II)

La Eucaristía es el sacramento del amor, significa amor, produce amor (Santo Tomas de Aquino)

Siendo Dios omnipotente, no podía dar más; siendo muy sabio, no supo dar más y siendo muy rico, no tenia nada mas para dar (San Agustín)

El hombre no puede vivir sin la Eucaristía (San Pedro Julian Eymard)

Podemos entonces concluir que sí la Eucaristía es vivir con Dios entonces vivir sin ella no es vida, nunca lo fue.

¿Como comulgar?

Hacer un examen de conciencia y con verdadero y profundo arrepentimiento, confesarnos ante un padre. Sí; ante un padre es necesario recalcarlo porque nuestra bajeza espiritual puede llegar a preguntar ¿Y yo porque me tengo que confesar ante un padre que es más pecador que yo? Es el ego hablando, pero como siempre ignora que es nuestro Señor quien elegio a ese hombre para convertirlo en sacerdote y perdone los pecados en su nombre (Jn 20:23-25) De los pecados del sacerdote se ocupa Dios quien todo lo ve y todo lo sabe. Sin dejar de lado que ellos se confiesan semanalmente y su juzgamiento después de la muerte es aún más duro que el nuestro pues recibieron la gracia de la revelación de su misterio.

La confesión es ciertamente un acto de humildad porque estamos reconociendo que le faltamos a Dios y que su perdón nos importa y lo necesitamos en nuestra vida con urgencia y perpetuidad. No seamos nosotros el alma soberbia que lo cuestiona todo porque es verdaderamente ante Dios que nos arrodillamos y que a través del sacerdote absuelve el pecado borrándolo como si no hubiera ocurrido dejándonos únicamente el reparar la ofensa como una pared de la cual se quita el clavo, pero todavía hay que resanarla, hay que curarla hasta la perfección.

El sacerdote dice: Ave María purísima y nosotros decimos: sin pecado concebido y mencionamos los pecados de forma concreta y sin “razones” del porque lo hicimos pues eso sería excusarnos y no estaríamos verdaderamente arrepentidos. No olvidemos que para nosotros también aplica: Dios todo lo ve y todo lo sabe.

No nos dejemos engañar por sectas que aseguran que no es necesaria la confesión y mucho menos la comunión; podemos entonces imaginar quien provoco la división de la iglesia y la separación de nuestros hermanos. El diablo no es escandaloso, es sutil no por nada el maestro del engaño, de manera que crean pero no en todo y vivan la fe pero no del todo. No existe ser al que le convenga más que las personas no fortalezcan su alma para seguir a Dios y así no alcancen la santidad y el propósito de su creación pero sobre todo para impedir el amoroso abrazo álmico que nos da nuestro Señor Jesucristo.

Respeto y reverencia.

Realmente nuestros ojos no son capaces de ver el acontecimiento más sublime de amor en la elevación Eucarística, pero nuestro Señor por misericordia le revelo a su sierva Catalina Rivas aun no proclamada santa lo que sucede en la elevación de la Sagrada Eucaristía durante la misa, vale la pena leerlo, verlo y escucharlo pues su testimonio a sido replicado en diversos formatos y aun así nuestra mente no llega a terminar de comprender la grandeza de su majestuosidad.

En aquella gran revelación nuestro Señor le dice: “La Última Cena fue el momento de mayor intimidad con los míos. En esa hora del amor, instaure lo que ante los ojos de los hombres podría ser la mayor locura, hacerme prisionero del amor. Instaure la Eucaristía. Quise permanecer en ustedes hasta la consumación de los siglos, porque mi amor no podía soportar que quedaran huérfanos aquellos a quienes amaba más que mi vida”

Se nos revela quien se encuentra presente en la Eucaristía por tanto debemos honrar el sacrificio de Dios haciendo una justa reverencia incluso cuando pasamos cerca del altar pues allí se consagra el sacrificio de la cruz para concedernos el perdón de Dios Padre y por tanto la apertura de las puertas del cielo, pero no solo nos redimió, sino que venció a la muerte y se encuentra vivo, presente y entregado en amor. No asistir a misa es pecado mortal pues constituye la más importante celebración del mundo y no participar del banquete por el que fuimos invitados es una ofensa para el anfitrión más dulce, amoroso y divino que existe.

Fuimos llamados a luchar para amar perfectamente. Si Dios no quisiera que seamos perfectos hijos y así alcanzar la santidad no nos habría dado una guía como lo es la Santa Biblia, profetas, Santos intercesores de milagros, liturgia, tradiciones, la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana (Así es, la Iglesia es Santa no por sus oyentes sino por su fundador que formo una Iglesia de pecadores para pecadores) y testimonios de conversión, pero sobre todo la EUCARISTÍA, porque la perfección espiritual nos queda grande. Su presencia en nosotros es la que lo puede todo. Por El, con El y en El, nuestra alma se fortalece y Él lucha junto a nosotros contra las tentaciones de la carne, el mundo y el demonio nuestros enemigos espirituales.

Él a través de la Eucaristía redime nuestra mancha, se adueña de nuestras cargas y por su amor y misericordia infinitos nos concede su parecido espiritual y nos enseña a llevar nuestra pequeña cruz para alcanzar la santidad. Desea ser amado desde quienes somos y lo que hacemos porque así es el amor verdadero. No exige, ama sin condiciones, ama sin límites sin embargo si queremos corresponder a tan divino amor hemos de pedir su voluntad y no la nuestra.

Como dice “Opus Dei en su artículo: ¿Que es la consagración en la Santa misa?” “La Eucaristía es una mediación salvadora que se perpetúa en la iglesia por medio del sacramento del orden que capacita por el carácter y la gracia consiguientes para obrar como ministros de Cristo en favor de todas las almas”.

Con Dios en nosotros no se puede esperar menos ¿verdad?


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